Pallapupas, sonrisas en los hospitales

Pasar los días en un hospital no es agradable para nadie, menos para un niño. Siempre he pensado que la planta de pediatría de un centro hospitalario debería albergar solo a recién nacidos, pero lamentablemente no es así. En casa solo nos ha tocado una vez, cuando B tenía 9 meses, pero solo de pensar la cantidad de niños que hay en los hospitales, se me pone la piel de gallina. Por eso me parece increíble la labor que hacen los Pallapupas, y por eso me emocionó tanto pasar una mañana con ellos en el Hospital Sant Joan de Déu de Manresa.

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Letras sentidas: siestas y fotografías

Abrió los ojos asustada. Había tenido una pesadilla, pero al mirar hacia ambos lados respiró paz. Allí estaban ellas, con sus cuerpos semidesnudos, durmiendo supuestamente felices. La pequeña en el costado izquierdo, agarrada a su brazo, y la mayor en el derecho, con las piernas entrelazadas con las suyas. Cuidadosamente las fue apartando de encima y se arrastró hasta quedar en el borde de la cama. Le gustaba observarlas mientras dormían.

En ese momento se arrepintió de haber perdido los nervios antes de que se durmieran. En ocasiones, las pequeñas se resistían a dormir, gritaban, se reían y saltaban en la cama, y ese, había sido uno de esos días. A ella no le gustaba gritar a sus hijas, no le gustaba nada, pero a veces le salía de dentro, y no lo podía evitar. O sí, quién sabe.

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DIY: Panel de corcho para tu pared

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Empieza el curso (por fin!), y hoy traigo un DIY para que tus ideas luzcan organizadas en cualquier pared, a través de un panel de corcho.

Hace días que tenía ganas de darle un toque un poco más personal a mi parte de la mesa que comparto con Uri en el estudio. Este curso nos hemos propuesto darle uso a este espacio y dejar de montar la “paradita” en la mesa del salón cada vez que tenemos que trabajar en casa. Algún día os enseñaré nuestro renovado despacho, pero por ahora os quiero mostrar este DIY tan fácil para mi cachito de pared.

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Nuestra sillita delantera iBert

1 de agosto, empiezan oficialmente las vacaciones para la mayoría de mortales. Pasamos del estrés a la calma; de las carreras para llegar a todo, a los paseos para cargar las pilas; de las guerras diarias con los horarios, a la paz. Ay, agosto… Cuánto te has hecho esperar…

Seguro que sois muchos de vosotros los que aprovecháis éstos días para sacar vuestras bicicletas a relucir y dar largos paseos a dos ruedas en familia, verdad? Por la playa, al atardecer, por la montaña, o descubriendo ciudades increíbles…

En casa nos encantan las bicicletas, pero con una niña de dos años, aún no nos habíamos planteado dar un paseo los cuatro, hasta que descubrimos la sillita delantera de la casa iBert. Desde que la montamos, las pequeña quiere subirse todo el día, y la verdad es que nosotros estamos encantados con ella.

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Tercer hijo, sí o no?

Son muchas las personas que me preguntan, a menudo, si vamos a ir a por un tercer hijo, a por el niño y siempre respondo lo mismo “a no ser que me vuelva loca, no”. Llamadme egoísta, pero ahora que mi vida vuelve a ser medio normal? Ni hablar.

(Reconozco que este es el típico post que quizás dentro de unos años tenga que comerme con patatas. Pero la verdad es que no me importa).

Siempre digo que para nosotros, el verdadero cambio en nuestra vida fue con el paso a la bimaternidad. Con la primera nos preparamos, estuvimos 9 meses dedicados a su llegada, y un año y medio mano a mano para criarla. Fue una etapa preciosa, los dos y B, B y los dos. Teníamos claro que queríamos darle una hermanita (y hablo en femenino porque yo quería una hermana para B, sí o sí), pero lo que no sabíamos era que con la llegada de la pequeña nuestra vida iba a cambiar tanto.

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