Nuestra sillita delantera iBert

1 de agosto, empiezan oficialmente las vacaciones para la mayoría de mortales. Pasamos del estrés a la calma; de las carreras para llegar a todo, a los paseos para cargar las pilas; de las guerras diarias con los horarios, a la paz. Ay, agosto… Cuánto te has hecho esperar…

Seguro que sois muchos de vosotros los que aprovecháis éstos días para sacar vuestras bicicletas a relucir y dar largos paseos a dos ruedas en familia, verdad? Por la playa, al atardecer, por la montaña, o descubriendo ciudades increíbles…

En casa nos encantan las bicicletas, pero con una niña de dos años, aún no nos habíamos planteado dar un paseo los cuatro, hasta que descubrimos la sillita delantera de la casa iBert. Desde que la montamos, las pequeña quiere subirse todo el día, y la verdad es que nosotros estamos encantados con ella.

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Tercer hijo, sí o no?

Son muchas las personas que me preguntan, a menudo, si vamos a ir a por un tercer hijo, a por el niño y siempre respondo lo mismo “a no ser que me vuelva loca, no”. Llamadme egoísta, pero ahora que mi vida vuelve a ser medio normal? Ni hablar.

(Reconozco que este es el típico post que quizás dentro de unos años tenga que comerme con patatas. Pero la verdad es que no me importa).

Siempre digo que para nosotros, el verdadero cambio en nuestra vida fue con el paso a la bimaternidad. Con la primera nos preparamos, estuvimos 9 meses dedicados a su llegada, y un año y medio mano a mano para criarla. Fue una etapa preciosa, los dos y B, B y los dos. Teníamos claro que queríamos darle una hermanita (y hablo en femenino porque yo quería una hermana para B, sí o sí), pero lo que no sabíamos era que con la llegada de la pequeña nuestra vida iba a cambiar tanto.

Fiesta en casa, organízala en seis pasos

No tengo el don de organizar fiestas, eso es así. Me encanta ver cómo la gente decora sus casas, sus jardines y sus mesas para grandes y pequeños eventos, pero yo no sirvo para eso, qué le vamos a hacer. Lo que me suele ocurrir es que no tengo tiempo suficiente para preparar la decoración, la comida, el pastel y todo el resto de temas inherentes a una buena party. Del mismo modo, os tengo que decir que mis hijas nunca se han quedado sin una fiesta por su cumpleaños, y en menor o en mayor medida, siempre ha terminado saliendo algo decente.

Siguiendo la tónica habitual, para la celebración del segundo cumpleaños de la peque se me echó el tiempo encima. Esta vez quería algo sencillo y en petit comité en casa. Había avisado (vía palabra, sin invitaciones ni nada, of course) a tíos, abuelos y resto de familia para el sábado por la tarde, así que el sábado por la mañana, y con una fiesta del cole de por medio, me puse manos a la obra para prepararle una fiesta a la peque, como merece.

Si eres de las mías, y nunca te da tiempo a preparar gran cosa. Si el presupuesto es reducido o no deseas gastarte un dineral. O si, simplemente, no se te da muy bien lo de organizar eventos (como a mí)…

Cumpleaños feliz, pequeña.

A ti, que llegaste a nuestras vidas para ponerlas patas arriba. Sí, a ti, que ahora no entiendes más que de mimos y de juegos, y de biberones y chupetes. Hoy, que es tu segundo cumpleaños, vengo a hablarte a ti.

Reconozco que cuando me enteré que estaba embarazada lloré un poco. No sabía muy bien lo que me venía encima, y aunque lo deseaba con todas mis fuerzas, me daba un poco de pánico convertirme en mamá de dos, hacer de B una hermana mayor, y pasar a gestionar una familia de cuatro. Tenía miedo, pero sonreía. Sabía que te quería, pero dudaba. Sí, cariño, a veces las mamás dudamos con el segundo embarazo. Tenemos pánico a no saber multiplicar nuestro amor y nos da miedo salir de nuestra zona de confort que dicen ahora las modernas. Pero aún así, estaba convencida que iba a ser una aventura fascinante, y no me equivocaba. Estos dos años a tu lado han sido de todo, menos aburridos.

Qué hago en Internet?

Llevo mucho tiempo queriendo escribir este post. Mucha gente de mi entorno a menudo me pregunta: ¿pero tú que es lo que haces en Internet? A lo que yo siempre respondo: disfrutar. Es cierto, y además creo que es lo que todos deberíamos responder ante preguntas de ese tipo, llámale Internet llámale vida.

No concibo mi día a día sin un minuto de conexión, sin un momento de “a ver qué se cuece por aquí”. Evidentemente podría vivir sin ello, y no es una primera necesidad, pero prefiero tener un rato al día para el mundo 2.0 que no tenerlo. Subir fotos a Instagram, soltar mi discurso en Snapchat, o seguir debates vía Twitter. Como el que se reserva un ratito para ir al gimnasio o para no hacer nada, llamadme friki.