Actividades con niños

Pallapupas, sonrisas en los hospitales

Pasar los días en un hospital no es agradable para nadie, menos para un niño. Siempre he pensado que la planta de pediatría de un centro hospitalario debería albergar solo a recién nacidos, pero lamentablemente no es así. En casa solo nos ha tocado una vez, cuando B tenía 9 meses, pero solo de pensar la cantidad de niños que hay en los hospitales, se me pone la piel de gallina. Por eso me parece increíble la labor que hacen los Pallapupas, y por eso me emocionó tanto pasar una mañana con ellos en el Hospital Sant Joan de Déu de Manresa.

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Perderse en el Empordà

Los que me seguís en Instagram, sabréis que a finales de agosto pasamos cuatro días en el Empordà. Normalmente, nuestras visitas a esa maravillosa tierra se basaban en playa, calas, sol y buen comer. Cuando éramos más jóvenes, alquilábamos un apartamento de seis con nuestros amigos y nos metíamos 15. Con los años fuimos centrándonos y viviendo los veranos más de relax, y ahora que tenemos niñas, lo que queríamos era algo tranquilo, calma y algo de playa. Y por suerte, los abuelos se encargaron de llevarnos al sitio ideal: Ca l’Anguila.

Ca l’Anguila es una casa rural situada en la comarca del Baix Empordà, a 300 metros del precioso pueblo medieval de Peratallada. Es un municipio de interior, a escasos minutos de las playas más cercanas, pero os aseguro que a ese pueblo no le hace falta mar ni barquitos para ser de diez. Pero hoy os vengo a hablar de esa casa. No habíamos estado nunca, y la verdad es que nos encantó y no nos defraudó nada.

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Excursión con amigos

El Viernes Santo, aprovechando el festivo, fuimos con unos amigos y los peques al Centre d’Apropament a la Natura (CAN) de Navàs, a una horita de Barcelona, más o menos.

Se trata de un lugar donde los más pequeños (y los padres también) pueden conocer, observar y en ocasiones tocar animales exóticos o de granja, de los que normalmente no estamos acostumbrados a ver por las calles.

Empezamos la visita juntándonos con otro grupo de padres con niños, en total debíamos ser unas treinta personas. Al principio no me gustó la idea, no porque sea una antisocial, sino porque los niños del otro grupo eran bastante más mayores (el más grande de los nuestros solo tiene tres años), pero bueno, no hubo ningún problema. Bajo las instrucciones de un monitor muy amable, empezamos el recorrido que nos llevó a ver aves rapaces, réptiles enormes y algún que otro animal peligroso.

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