DSC_0737_bnNecesito que termine el verano. Así, tal cual. Lo necesito más que la siesta que llevo reclamando meses y más que mi café de cada mañana. Necesito ir a recoger a mis niñas al cole con unas ganas inmensas, en lugar de llegar a casa armándome de valor para salir victoriosa de una tarde de piscina.

Antes de que se altere el sector nomeseparodemishijos y paraquétieneshijas, quede claro que amo a mis hijas por encima de las posibilidades y que me encanta compartir con ellas las tardes (y las noches y las mañanas), pero ya. Creo que tanto ellas como yo ya hemos llenado el cupo de amor veraniego. Necesitamos un respiro. Urgente.

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Mis tardes se resumen en obligar a dormir a las niñas y en piscina. Sin siesta no hay piscina, y con ese discurso me pueden dar las seis de la tarde. Tengo los brazos de mover el MacLaren que cualquier día me llevan a levantar peso… Sí, a la Chica la duermo en el cochecito, cuestión de supervivencia. B duerme en el sofá después de que yo haya dicho unas cien veces… “duerme”, “cierra los ojos”, “no vamos a ir a la piscina”… Es que de verdad, me agoto yo de sentirme.

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Una vez dormidas, me caliento la comida, la engullo, porque pueden ser perfectamente las cinco de la tarde, y os juro que no pasan más de diez minutos que ya tengo a una despierta. Preparo meriendas, preparo bolsas de la piscina, nos ponemos los bañadores y salimos de casa sin mirar atrás.

Dos horas de piscina (eso merece un post a parte) y una de terraza, casi nada para el cuerpo. La Chica es adicta a las palomitas de mantequilla y B, después de todo el verano probando helados, aún no ha encontrado el que le guste. Mis amigas se ríen, pero cuando veo entrar a Uri por la puerta de ese bar, los ojos me brillan y bailaría un tango, y no precisamente por lo mucho que le quiero (que también).

En casa tocan duchas, cenas y otra vez a dormir! Es que me tiro el día durmiendo niñas! Suelen ser las once pasadas cuando salgo al balcón en busca de ese minuto de paz.

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Ante tal panorama, dime tú si no es normal que necesite que termine el verano. Sueño con ese primer día de cole, en el que ya saldrán dormidas y comidas, en el que las meriendas serán divertidas, y en el que las tres juntas volveremos a sonreír en lugar de parecer una pandilla discutiendo cada dos por tres.

Ah! y no sé si te lo he dicho, pero las amo.