Pasar los días en un hospital no es agradable para nadie, menos para un niño. Siempre he pensado que la planta de pediatría de un centro hospitalario debería albergar solo a recién nacidos, pero lamentablemente no es así. En casa solo nos ha tocado una vez, cuando B tenía 9 meses, pero solo de pensar la cantidad de niños que hay en los hospitales, se me pone la piel de gallina. Por eso me parece increíble la labor que hacen los Pallapupas, y por eso me emocionó tanto pasar una mañana con ellos en el Hospital Sant Joan de Déu de Manresa.

Eran poco más de las nueve de la mañana cuando llegué al hospital, donde me recibió un miembro del equipo Pallapupas para darme la bienvenida y las primeras indicaciones sobre cómo actuar y cómo no. Recuerdo estar un poquito nerviosa, porque aunque intuía que no me iba a encontrar con ningún caso de extrema gravedad, siempre da cosita ver a un niño enfermo.

Una vez en la planta de pediatría nos recibieron Vientolín y Gota-gota, dos Pallapupas con mucho arte y una gran sonrisa en la cara. A ellos se añadió uno de los personajes más carismáticos del Club Súper3, Pau. Esa mañana íbamos a hacer un viaje muy emotivo, por eso antes necesitaban “tramar un plan”…

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En realidad, lo que hacen antes de empezar con las visitas es hacer un repaso de quién hay en cada habitación, y qué tiene. Los Pallapupas son actores profesionales con gran formación médica y psicológica, por lo que saben muy bien qué protocolo deben seguir en cada caso. Ese día, iban a hacer un viaje a la Luna junto con Pau, y en la reunión previa dibujaron bien su recorrido.

La verdad es que ver la cara de ilusión de los niños cuando los Pallapupas entran en sus habitaciones es de lagrimita, por no hablar de los padres. A veces, estos suelen estar más asustados que los pequeños, y la visita de estos genios suele calmar los ánimos.

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En nuestra visita al hospital, acompañamos a un pequeñín que tenía que pasar por quirófano, avisándole de que esa mañana iba a hacer un viaje muy especial. No sé si ese valiente tuvo miedo o no, pero por su cara de felicidad, lo tenía muy escondido.

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También estuvimos en lo que llaman “la escuela del hospital”, donde había varios niños esperando para que les hicieran pruebas, y otros que estaban ingresados. A ellos también les tenían que contar el viaje a la Luna… no podía faltar nadie!

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Realmente el ambiente se transforma cuando aparecen los Pallapupas. Personal médico, familias y niños sonríen con ellos. Se apuntan a sus bromas, les siguen el juego, y eso rompe la tónica fría y seria de los hospitales.

El viaje siguió para Vientolín, Gota-gota y Pau… Les quedaba una misión muy especial, acompañar a un héroe a quirófano. Para mí, un momento muy emocionante. Un Pallapupa esperaba a ese valiente dentro de quirófano, por eso nos abandonó un poquito antes (para cumplir el protocolo que hay para entrar ahí). El resto, acampañamos al paciente y su familia en el trayecto de la habitación a la planta donde están los quirófanos, mientras le contaban al pequeñín que estaba a punto de entrar en la nave espacial…

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Imaginaba que el momento de la despedida iba a ser duro, pero la verdad es que el ambiente era tan agradable y el peque había cogido tanta confianza con los Pallapupas y con Pau, que fue “relativamente fácil”.

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El tour al espacio también finalizó en ese momento para mí. Los Pallapupas iban a acompañar a ese pequeñín hasta el momento que se durmiera, y ahí, evidentemente, ya no teníamos cabida; pero estoy segura que fue un viaje muy emocionante.

Ese día quedé fascinada con la labor de estos genios de la sonrisa. De verdad, la alegría, el color y el buen rollo que llevan a los hospitales son dignos de admirar. Aprendí que la sonrisa, a veces, es la mejor medicina; y que frente a momentos duros, intentar sonreír es la mejor opción. Los Pallapupas trabajan para llevar cachitos de felicidad a los hospitales, y eso señores, es de agradecer aunque no se tenga a nadie ingresado.

Por muchas más sonrisas, Pallapupas!

*Desde aquí quiero agradecer a todo el equipo haberme brindado la oportunidad de compartir una mañana con ellos. Fue una experiencia muy enriquecedora, de verdad.