Llevo mucho tiempo queriendo escribir este post. Mucha gente de mi entorno a menudo me pregunta: ¿pero tú que es lo que haces en Internet? A lo que yo siempre respondo: disfrutar. Es cierto, y además creo que es lo que todos deberíamos responder ante preguntas de ese tipo, llámale Internet llámale vida.

No concibo mi día a día sin un minuto de conexión

Sin un momento de “a ver qué se cuece por aquí”. Evidentemente podría vivir sin ello, y no es una primera necesidad, pero prefiero tener un rato al día para el mundo 2.0 que no tenerlo. Subir fotos a Instagram, soltar mi discurso en Snapchat, o seguir debates vía Twitter. Como el que se reserva un ratito para ir al gimnasio o para no hacer nada, llamadme friki.

Y muchas veces, ante preguntas de este tipo, me paro a buscar las razones por las que disfruto tanto con esto, y siempre doy con las mismas. El 2.0 me ha llevado a conocer a gente extraordinaria, personas de las que aprendo un montón y con las que me siento muy bien. Hace años, no hubiese imaginado coger el coche, un AVE o un avión para ir a encontrarme con chicas a las que no he visto nunca. Pero lo he hecho, y la verdad es que sienta la mar de bien, y siempre he sido muy feliz.

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Mis amigas son mis amigas, intocables, de esas que ensanchan el alma. Las que me conocen como si me hubiesen parido, las que saben cómo estoy con solo mirarme. Pero no me diréis que no es bonito sumar a tu circulo más cercano, más querido, a un grupo de gente que acaba de completarte, al grupo de personas 2.0 que digo yo. Personas que comparten tus inquietudes, que hablan el mismo idioma que tú, y que saben hacerte reír aunque solo sea con un hashtag o con un emoticono, e incluso algunas que te llaman para preocuparse por ti.

No os voy a engañar, seguro que de todo hay en la viña del Señor, pero yo tengo la suerte de no habérmelo encontrado aún por estos lares. Y si una cosa tengo clara, es que el día que algo o alguien en Internet, como lo llaman en mi pueblo, me dañe, no va a tener lugar en mi vida.

Aquí he venido a disfrutar, a pasármelo bien, a reírme y a aprender, que los golpes, en la vida, ya vienen solos y sin avisar. Así que solo por ese motivo, y porque me hace feliz, vale la pena estar aquí.