Son muchas las personas que me preguntan, a menudo, si vamos a ir a por un tercer hijo, a por el niño y siempre respondo lo mismo “a no ser que me vuelva loca, no”. Llamadme egoísta, pero ahora que mi vida vuelve a ser medio normal? Ni hablar.

(Reconozco que este es el típico post que quizás dentro de unos años tenga que comerme con patatas. Pero la verdad es que no me importa).

Siempre digo que para nosotros, el verdadero cambio en nuestra vida fue con el paso a la bimaternidad. Con la primera nos preparamos, estuvimos 9 meses dedicados a su llegada, y un año y medio mano a mano para criarla. Fue una etapa preciosa, los dos y B, B y los dos. Teníamos claro que queríamos darle una hermanita (y hablo en femenino porque yo quería una hermana para B, sí o sí), pero lo que no sabíamos era que con la llegada de la pequeña nuestra vida iba a cambiar tanto.

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